María Alexandra Miranda nació el día martes 14 de febrero del año de 1995 en la clínica Reina Sofía de la ciudad de Bogotá. Su familia estaba conformada por su padre Carlos Miranda y su madre Amelia Ayala residentes en la ciudad de Bogotá. De pequeña siempre existió en ella el agrado por las distintas actividades que permitían expresión tales como el baile, el canto y el juego de la presentación.
Meses después comenzaron sus primeros actos comunicativos de expresión. Dichos actos comunicativos constaban de llanto, sonrisas y miradas.
Sus padres empezaron a notar en los primeros meses de vida como se emitían miradas llenas de ternura según dicen, sonrisas constantes y llanto únicamente cuando era necesario comunicar o trasmitir la necesidad de alimento, sueño o incomodidades. La crianza durante los primeros años de vida fue descrita como un tiempo de felicidad, en donde los padres se esmeraban por expresar su amor y cariño. Testimonios de ellos revelan como esto contribuyo para la formación de “Una niña muy tierna y feliz.” Caracterizada por ser muy expresiva desde los primeros meses de vida, solía moverse mucho en la cuna y se caracterizaba porque miraba mucho a los alrededores.
Mediados y finales del año de 1995
Para mediados del año de 1995 se encontraba aproximadamente en el quinto mes de vida. En esta época sobresalía el uso de expresiones y constantes miradas hacia las personas y situaciones que la rodeaban. El siguiente, el sexto mes desató nuevamente avances comunicativos que correspondieron a los primeros balbuceos en busca de lograr el habla y movimientos desatados al ritmo de la música escuchada.
Meses después continuo la expresión de estados emocionales mediante las risas en demostración de alegría y llanto en demostración de tristeza o alguna inconformidad. Sus padres hicieron referencia a como cuando estos regresaban de sus trabajos María se movía y reía manifestando la alegría por su llegada, por el contrario para demostrar el desagrado hacia algo volteaba la cara para otro lado y producía acciones faciales de desagrado. A los 8 meses pronunció la primera palabra, papá.




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